SUICIDIO INFANTIL: CUÁL ES EL PANORAMA EN CIUDAD DE MÉXICO Y QUÉ SE ESTÁ HACIENDO AL RESPECTO

Según el Inegi, en 2024 727 personas de entre 10 y 17 años se quitaron la vida en Ciudad de México. Durante el ciclo escolar 2025-2026 el Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA) registró “500 casos de emergencias sociales; de los cuales 140 fueron por riesgo de conducta suicida”. Aunque desde los 2000 los casos que involucran a la niñez se mantienen de manera sostenida, hasta hace casi una década el suicidio de menores de edad era una problemática invisibilizada. En entrevista con Capital 21 Noticias Amaya Ordorika Imaz (directora del IAPA) da a conocer la labor que realizan instituciones capitalinas en materia.
Cada año 720 mil personas se quitan la vida; se estima que 300 mil son niñas, niños y adolescentes. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el suicidio es la tercera causa de muerte en el rango etario de entre 10 y 24 años.
En países como Japón la población más joven ha sido la única que no ha registrado una reducción en la tasa de suicidios en los últimos 15 años y, según dio a conocer la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en mayo pasado los casos aumentaron 38%, siendo los de las niñas de entre 10 y 14 años los que presentan los incrementos más acelerados.
En México, desde 1990 la mayor tasa de suicidios corresponde a adolescentes y adultos/as jóvenes; además, fue a partir de los 2000 que los reportes que involucran a la niñez se mantienen de manera sostenida.
Especialistas y organismos internacionales identifican a la pandemia un evento central en el deterioro de la salud mental de estos sectores. Las medidas de aislamiento y la incertidumbre en el ámbito familiar causaron, como resumió la médica y exdirectora de la OPS, Carissa F. Etienne, “el entorpecimiento de su crecimiento y desarrollo”.
En entrevista con Capital 21 Noticias, la socióloga y directora general del Instituto para la Atención y Prevención de las Adicciones (IAPA) Amaya Ordorika Imaz coincide y ahonda a partir de la situación en México, donde el suicidio es la segunda causa de muerte en personas de entre 15 y 29 años, según el Instituto Nacional de Salud Pública.
“Durante el coronavirus, niñas, niños y adolescentes que estaban empezando la primaria y la secundaria vieron modificadas experiencias de socialización que otras generaciones no. También hubo un aumento en el uso de redes sociales en edades cada vez más tempranas. Es un tema complejo porque hablamos de la proliferación de discursos de odio y de estándares de belleza que abona a las sensaciones de insuficiencia y baja autoestima”.
A nivel nacional, Ciudad de México ocupa el cuarto lugar en incidencia suicida; la alcaldía Iztapalapa encabeza las llamadas al 911 por tentativas. De acuerdo con el director del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) Salvador Guerrero Chiprés, desde hace casi una década ha habido cambios importantes en los grupos prioritarios de la capital.
Esta observación ha sido compartida por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y la Justicia, que en septiembre de 2024 reveló que el 70% de atención por ideaciones suicidas fue para menores de edad y jóvenes de 18 a 30 años. Por su parte, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer que en ese mismo año 727 personas de entre 10 y 17 años se quitaron la vida en Ciudad de México.
Sumado a ello, Ordorika Imaz precisa que el ciclo escolar pasado (2025-2026) el IAPA registró “500 casos de emergencias sociales; de los cuales 140 fueron por riesgo de conducta suicida”. Sobre los factores identificados en la capital la experta comenta: “Lo que vemos son elementos que tienen que ver con la depresión y la desesperanza, que quizá no habían sido tan relevantes en otras generaciones que, por ejemplo, no crecieron con una preocupación tan fuerte por problemáticas como el cambio climático. También hemos detectado el impacto del acoso escolar, la violencia familiar y la violencia sexual”.
Sobre esta última, a principios de febrero de este año, el Instituto Nacional de Salud Pública alertó que “el abuso sexual en la infancia incrementó los pensamientos de ideación suicida 8 veces y los intentos de suicidio 6 veces”; la interrelación entre estas dos problemáticas fue más rastreable a partir de 2018, cuando la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición incluyó preguntas específicas.
Frente al actual panorama, a finales de junio el diputado Alberto Martínez Urincho presentó al Congreso local una iniciativa para reformar la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes y fortalecer la prevención, detección y atención del suicidio.
Paralelo a los esfuerzos legislativos, instancias como el IAPA ponen en marcha estrategias de atención a la salud mental de menores de edad como “Vida Plena, Corazón Contento”, que se caracteriza por una coordinación interinstitucional con las escuelas, servicios especializados, el Sistema Nacional de Protección de Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINA), el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) y procuradurías.
“Cuando detectamos a un o una menor que requiere atención (ya sea porque llega a nuestros centros, se acerca a la línea de las emociones o porque tenemos contacto a través de la estrategia escolar), activamos la ruta de atención; que inicia con la valoración de las necesidades de esa niña, ese niño o adolescente en la que evaluamos qué es lo que podemos hacer o si se optará por la intervención de otras instituciones. Cuando vinculamos a otra institución no quiere decir que el IAPA se retire. Seguimos prestando los servicios que nos corresponden”, explica Ordorika Imaz.
En conversación con Pie de Página, el profesor Jesús Acevedo Alemán (Universidad Autónoma de Coahuila) señaló que antes de 2016 el suicidio infantil “no era un fenómeno visibilizado” ni social ni estadísticamente. Desde la perspectiva de Ordorika Imaz esta situación tiene que ver, en gran parte, con los abordajes adultocentristas sobre la salud mental y los estigmas que, a la fecha, siguen rodeando al suicidio.
“Es muy importante mantener una perspectiva de infancias y juventudes. Necesitamos acercarnos a estas poblaciones y escucharles. Y más que nosotres les adultes definir desde fuera cuáles son los problemas y las soluciones, necesitamos trabajar en conjunto con las infancias [...] Justamente en eso está enfocada la estrategia [en Ciudad de México]: en brindar espacios de psicoeducación y psicoorientación a través de la escucha de las comunidades escolares, donde también se hace trabajo con madres, padres y personas cuidadoras”, concluye.
